CENTRO OSHO URUGUAY

LA SABIDURIA DE LAS ARENAS

Entramos hoy en el mundo del sufismo. Es un mundo, pero no una visión del mundo. Es una trascendencia, pero no una filosofía de la trascendencia. No predica ninguna teoría, sencillamente te da consejos prácticos.
El sufismo no es especulativo. Es absolutamente realista, pragmático, práctico. Es práctico, no es abstracto. Por eso no es una visión del mundo. Y tampoco sistematiza el conoci­miento, porque no es una doctrina.
Una doctrina es una explicación completa de la existencia. El sufismo no es una doctrina; no tiene una explicación para la existencia, es un camino hacia los misterios de la existen­cia. No te explica nada, simplemente apunta a lo misterioso. Te guía hacia lo misterioso. El sufismo no desmitifica la exis­tencia. Todas las doctrinas lo hacen: su trabajo consiste en ha­cer conocido lo desconocido, destruyendo el misterio, destru­yendo el milagro. El sufismo te conduce de un milagro a otro, profundizando en la maravilla.
No es una doctrina, porque no da una explicación comple­ta de nada, sólo te da pistas muy pequeñas, momentos de in­tuición. No hila y teje filosofías; hila y teje historias, anécdo­tas, metáforas, parábolas, poesías. No es una metafísica, son metáforas. Es un dedo apuntando a la luna. No puedes enten­der la luna analizando el dedo. Pero si sigues la dirección con interés, si estás en armonía, entonces llegarás a ver la luna. El dedo no es la luna, el dedo no puede ser la luna, sin embargo puede señalar el camino.
Las historias sufíes no son filosóficas. Son sólo suaves indi­cios, susurros. El sufismo no grita, sólo susurra. Naturalmente, sólo aquellos que están listos para escuchar con interés -no sólo con interés sino con empatía-, sólo aquellos que están dispues­tos a abrir sus corazones confiando y rindiéndose pueden en­tender lo que es el sufismo. Sólo aquellos que son capaces de amar pueden entender qué es el sufismo. ¿Cuál es su mensaje? No es un análisis lógico, ni es tan ilógico como el zen. El sufis­mo dice que ser lógico es un extremo, y ser ilógico, el otro. El sufismo está a medio camino, ni lógico ni ilógico. No se incli­na ni a la izquierda ni a la derecha. No es absurdo. No es lógi­co como Sócrates y no es absurdo como Bodhidharma. Se dice que Bodhidharma y Sócrates sólo parecen diferentes, pero que sus perspectivas son iguales. De hecho Bodhidharma es más ló­gico que Sócrates; por eso tropieza con la ilógica. Si vas si­guiendo la línea de la lógica, antes o después llegas a un punto en el que ves que la lógica se acaba, pero el viaje continúa. Bodhidharma es un Sócrates que ha hecho todo el camino y ha llegado a ese extremo donde termina la lógica pero la vida con­tinúa. Bodhidharma parece diferente pero su perspectiva es so­crática; es intelectual. El zen está en contra del intelecto, pero estar en contra del intelecto es seguir siendo intelectual. El zen es una antifilosofía, pero ser antifilosófico es ser filosófico: esa es tu filosofía. El sufismo evita los extremos. Sigue el punto medio, el medio exacto, el término medio.
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